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Más pernicioso y despreciable que el amiguismo y el colegueo en asuntos y cosas de lo común, solo se me ocurre el juego de parejas, auténtico mamoneo pastelero que si no fuera por la estrepitosa derrota de Hillary Clinton, junto con la demostración que esas mujeres virtuosas a las que hacen crecer sus maridos crápulas, no solo no se traducen en votos democráticos de los que ni sienten ni padecen hasta que llegan las votaciones, sino que además puede perjudicarles, de lo que me alegro sinceramente. No quiero meterme en líos, y menos con la que está cayendo, pero la fuerza oculta que mueve el rechazo explícito a parejas, grupos y líderes, se trata más bien la desazón que producen las bandas, a veces parejas, dentro de grupos mayores, como si nos hubieran quedao heridas abiertas por todas esas veces que hemos sentido que jugaban sucio con nosotros, en las que pese a nuestro esfuerzo y méritos reconocibles, sin embargo hemos sentido que lo que se nos imponía era debido a intereses más poderosos que la razón.

Carmen Rico Carabias, periodista y escritora de gran éxito conocida como Carmen Rico Godoy, nació en Paris el 30 de agosto de 1939, el fatídico día en el que comenzó la Segunda Guerra Mundial, y murió en Madrid el 12 de septiembre de 2001, el día después de otro día fatídico señalado en los calendarios con incertidumbre. Su madre, la también periodista Josefina Carabias, había salido exiliada de España al terminar la Guerra Civil mientras su padre sufría cárcel por sus ideas políticas. Carmen vino a Madrid por primera vez en 1944. Desde 1955 vivió con su familia en Estados Unidos y se licenció en Ciencias Políticas en la Universidad Georgetown de Washington DC. En 1959 regresó a su ciudad natal, París, donde realizó un master en Relaciones Internacionales, se casó por primera vez (se casó una vez más) y tuvo su primer y único hijo en estos años parisinos. Entre 1967 y 1971 vivió en Argentina. Hasta entonces Carmen había trabajado de enfermera, fotógrafa de operaciones, profesora de español, traductora, técnica electroencefalografista, secretaria y colaboradora en algunos periódicos y revistas de Paris y Buenos Aires, oficio éste último que se resistía a ejercer para no seguir los pasos de su madre, pero que en 1971 y otra vez en Madrid lo ejerció de pleno en la revista Cambio 16 desde el primer número y luego en Diario 16, Historia 16 y Marie Claire 16 durante bastantes años más. En 1989 escribió el prólogo para la reedición del libro titulado Los alemanes en Francia vistos por una española, que había escrito su madre en 1949 con el seudónimo de Carmen Moreno y en 1990 publicó su primera novela: Cómo ser mujer y no morir en el intento, que fue un gran éxito de ventas y tuvo su continuación en 1991 con Cómo ser infeliz y disfrutarlo. Tripitió éxito con Cuernos de mujer en 1994 y preparó los guiones correspondientes para adaptar al cine sus 3 novelas, cuyas versiones fueron dirigidas por Enrique Urbizu. Carmén también realizó adaptaciones o guiones para Manuel Gutiérrez Aragón y Gonzalo Suárez en Los pazos de Ulloa y en Miss Caribe. En 1996 publicó su primer libro de relatos, La costilla asada de Adán y fue galardonada con el Premio de Periodismo Francisco Cerecedo. En mayo de 1999 apareció su cuarta novela: Cortados, solos y con (mala) leche, editada como todos los suyos por Temas de Hoy en la colección Punto de Encuentro. La neurona iconoclasta en 2000 y una premonitoria séptima y última novela titulada Fin de fiesta en 2001 completan su legado literario, pues no terminó el proyecto titulado Tirar a matar, una novela policiaca protagonizada por una mujer detective. Aunque en noviembre de 1999, cuando entrevistamos a Carmen Rico Godoy para La Farola, decía estar «en retirada del periodismo» siguió colaborando en la Cadena Ser en una sección titulada El sacapuntas de los programas de las mañanas junto a Nativel Preciado, Karmentxu Marín y Esperanza Sánchez entre otras mujeres periodistas a las que no molestará en absoluto que identifiquemos como discípulas de Carmen además de compañeras, y cada 2 días escribía «un billete corto», como los llamaba Felipe II, para la edición nacional del diario La Vanguardia en la sección titulada Vivir en Madrid. El entrevistador recordará siempre el buen rato que hizo pasar a Carmen con su nutrido muestrario de torpeza periodística y la inmensa carcajada con la que celebró la pregunta: «¿cuando hayan sido resueltas las grandes cuestiones de la humanidad, si hay Dios o no y todos los misterios del Universo, cree que las mujeres y los hombres podremos entendernos y comunicarnos tranquila y libremente?». Nunca pudimos sospechar que llegaríamos a sentir nostalgia de guerras como la de los sexos, las literarias, las generacionales y todo tipo de guerras incruentas.

gogo tanit