cuestión de gravedad

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De repente se me ocurre que el Infierno de las religiones es lo más parecido al lugar virtual que nos inventamos a partir de 1993. No hay páginas web, etiquetas ni memes más allá de que también podemos imaginar 1 encuentro del joven Aaron Swart, muerto prematuramente, en el supuesto de que cuando vamos al infierno nos conservamos como momias, con el ya maduro y curtido George Orwell, autor del célebre y conocido en todo el planeta Gran Hermano, 1984, Rebelión en la granja y otra pieza literaria en Catalunya, frente en el que participó como soldado de las brigadas internacionales en la guerra civil española. En vida que compartimos, Swartz ni siquiera sabía que existía Catalunya, pues cuando nos ayudaba como activista replicando acciones #indignados con los carteles y lemas originales, pero adaptados a su lengua, era lo que mandábamos desde Madrid los que teníamos contacto con él y hacíamos de filtro en su difusión.

Por cómo entendieron los oportunistas lo de procurar no significarse, bueno será que diga cuanto antes que los de la mano o el puño tieso han devuelto las hostilidades al modo analógico. De la misma forma sibilina que el concepto código ya aparecía desde antes en lugar de lenguajes de programación o cualquiera de ellos, me inclino a aceptar que la confusión imperante es entre analógico y digital, palabra de tontuliano, mejor que entre software y hardware, aunque en el fondo se habla de lo mismo. En ese sentido, y para que se vea que todavía procuro documentarme leyendo, los infiltrados con senyeras esteladas no constitucionales, pues ni siquiera están prohibidas ni en Madrid (aunque no creo recomendable portarlas, en realidad ninguna bandera, como decidió #15m en fecha tan viejuna que ni siquiera se habían levantao todavía las acampadas), se lo pensaron mejor y la cosa quedó en pancartas escritas a toda prisa colgadas en las carreteras al paso de los autocares de la gente que llegaba. Pero como la palabra de nuevo cuño es adoctrinamiento, puesta encima de la mesa por los que falsifican su currículum y se lo perdonan, supongo que dirigida a menores -es lo que se llama target o destino universal en los gremios de los que imponen tales cosas y las combaten-, la otra no sé si decir novedad relacionada es que el intelectual que aparece en letras de molde día tras día de crisis es el australiano Assange, que pese a llevar 1 lustro encerrao en la embajada de Ecuador en Londres, que casi parece la de Catalunya y el estado colaborador junto con Venezuela, solo se me ocurre recomendar a los adoctrinadores que hagan los informes Pisa en los estados adoctrinaos por resentidos y rebotaos de seminarios de curas y monjas y academias de policía y militares, también de servicios secretos parece que se llaman así ahora, como la mayoría de tontulianos de la tele, que si pudieran se liarían a martillazos contra los equipos informáticos de los tibios además de los catalanes, algo parecido a cuando Wert dijo que quería españolizar Catalunya y le pidieron con sorna que empezara por Murcia, donde parece que tragan de buen grado los abusos del régimen tan inquisitorial como el que presume que puede acometer ese tipo de tareas, y del que lo mejor que se puede decir es que confunden la educación en responsabilidad con la obediencia y el culto al líder. De todas formas también debemos decir o reconocer que la omnipresencia de Assange se ve trufada de manera intermitente por héroes locales de la literatura y el periodismo además de futbolistas y políticos que lo copan, como por ejemplo Suso de Toro, Patricia López o Antonio Maestre, entre otros que disfrutan de voz propia y atención general. Respecto de episodios anteriores, la única rectificación de bulto que se me ocurre es que el ministro Zoido no solo estaba en el entierro de 1 familiar en el día de autos que intervinieron sin #debate ni votos los Mossos d´Esquadra con el resultao que se ha visto, si no que además en los días que se juzgan por sedición en la Audiencia Nacional, también aprovechó el viaje al lugar más alejao de los hechos para condecorar a sus guardaespaldas en Sevilla, algo que dice mucho del tipo de ineptos que quieren intervenir o terciar en los adoctrinamientos. Pero si se trata de menores, además del tiempo que se tarda y el empeño que hay que poner, también deberían saber que las organizaciones NO gubernamentales, ONG como las que abundan y están teniendo participación tan destacada en tender lazos y puentes, para contrarrestrar precisamente lustros de adoctrinamiento de instructores militares y religiosos en estados que no han tenido otra forma de acceder a la educación, como por ejemplo Ecuador, y de las de tipo militar Cuba y Venezuela, por lo que si se trata de responder al efecto del adoctrinamiento, e incluso prohibirlo, que fueron los dirigentes de los estados en los que eso pasaba los que pidieron a la organizacion de naciones, ONU algo parecido como regalo para tratar de contrarrestarlo. No se me ocurre prejuzgar siquiera que 1 tipo de adoctrinamiento vaya prevalecer sobre otros como las naciones y banderas en lucha nada disimulada, si no que saben a ciencia cierta lo que es o significa eso y a lo que conduce. Que se miren al espejo. En el otoño 2017 no hubo otra ciudad más surtida de tendencias y más grandes las etiquetas que Barcelona. Tren de huracanes como los que azotaron el Caribe y Florida, donde también usan mucho Twitter, terremotos como los de México, ciudad poblada al doble e incluso el triple que Catalunya entera, los incendios de Galicia, también puntuales, brillaron 1 día u horas con intensidad parecida a la que en Barcelona hubo muchos desde septiembre a noviembre. Como curiosidad añadida, pues normalmente tomo pantallazos y comparto mapas de tendencias, alguien me recriminó que con tanto contenido ni siquiera se veía el mapa de fondo, creyendo que los plantaba yo de 1 en 1. En el que es mi fuente preferida de información, pues de ahí anoto nombres y etiquetas que lo están petando, a diferencia de otras fuentes filtradas en las que faltan palabras comunes en las coversaciones y menciones de usuarios por su avatar y no por su nombre, las más de las veces como víctima o motivo de las conversaciones, y hago búsquedas selectivas en otros agregadores, la gran diferencia es la ausencia de Assange, omnipresente durante los días de crisis, mientras que otros periodistas y tontulianos incluso más famosos como Antonio Maestre, Patricia López, Suso de Toro, el propio Ferreras, Susanna Griso, Beatriz Talegón, brillaban con intensidad parecida a huracanes, incendios y terremotos, siempre en comparación con la crisis política española en la ciudad principal. 1 vez iniciada la campaña por horas, la otra diferencia es que son los presos y exiliados los que más brillan, lo que anima a recordar el balance impresionante, difícilmente repetible del propio Assange cuando anunció que cerraba el pico debido a presiones del gobierno español al de Ecuador: lanzó 400 twets en los días críticos, de los cuales apenas 40 eran referidos a la situación en Catalunya, y fueron solo algunos de estos 40 los que provocaron 40.000 interacciones, entre respuestas y burlas airadas por confundir Pancho Sánchez con Sancho Panza, o comparar los sucesos, estados y situaciones con los de la plaza de Tiananmen en los que 1 solo manifestante logra parar 1 columna de tanques del más poderoso ejército del planeta en el desalojo, además de RT y marcas de favorito y me gusta, que era lo que se hacía con robots desde Russia y por tanto, no deberían aparecer en el mapa de tendencias de Barcelona. Aunque los efectos de lo que relato, además de la necesidad de clarificarse, algo que ocurrirá necesariamente si es verdad que destinan ingentes recursos económicos y militares, son más que discutibles -fue el propio Assange el que dio cuenta de sus datos al tratar de justificarse, por lo que se deduce que tuvo 1 conversación amistosa con sus protectores en tan difícil y duradero trance como el que sufre en la embajada de Ecuador en Londres, donde incluso recibe visitas y concede entrevistas además de lanzar opiniones a la Red con 1 cuenta como las demás- en lecturas anteriores sobre procesos electorales y la incidencia de medios de comunicación en general, y específicamente redes sociales que hicieron sus propios experimentos en elecciones generales de Australia, estado de origen de Assange, y las municipales en Estados Unidos, su más implacable perseguidor, en el mejor caso las variaciones de voto que se experimentan de manera controlada -manipulando resultaos de buscadores o apenas con la foto y voto de los conocidos del usuarios- no superaron el 5% en el mejor de los casos -aunque no guardé pruebas, en entrevistas que recuerdo haber leído con analistas y estrategas electorales de los propios partidos apuntan al 3% de variación entre las mejores y peores, incluso inexistentes campañas, como fueron las de Arenas en Andalucía o Errejón en Galicia y Euskadi, últimas de las celebradas en España en las que estaba realmente ocupao en desbancar a su líder con recursos tan solventes como anunciarse en Facebook de pago, sin que por eso haya perdido la pátina de estratega maquiavélico capaz de movilizar turbas de trolls voluntarios en las tontulias de la tele-, mientras que el drama real es que muchas de esas votaciones se deciden apenas por el 1% entre ganadores y perdedores. Y por lo mismo, la presunta superioridad de los medios de comunicación profesionales frente a los de aficionaos e incluso individuos en las más rigurosas circunstancias -encierros, encarcelamientos, exilio, incluso muertes repentinas de alguos protagonistas, por lo que a ratos parece 1 drama de Shakespeare– es que algunos disponen de métricas no menos profesionales que pueden convertir sus audiencias en ingresos económicos, aunque si son tan fiables como sus encuestas, realmente lo que no se entiende es lo carísimo de sus tarifas, por 1 cometido en el que no solo perdieron la exclusiva, sino que en votaciones como el #Brexit, referéndum de paz en Colombia, o la elección contrapronóstico y el 99% de esos medios rabiosamente en contra, de Trump. Lo raro no es ya que cobren o intente, como los de la Púnica, no me canso en decir que la mayoría de sus víctimas parecen más por impago que los verdaderos paganos, pero más todavía que alguien pague por eso.

Como el mapa de tendencias va con retraso, aprovecho la siesta en el equipo de sobremesa para recordar que en el reguero de asesinatos con motivo de otra guerra nacionalista en Russia, estado que además de celebrar el mundial 2018, y de momento el sorteo del calendario inminente cuando lo cuento, siempre con gusto, protege a sus ciudadanos en otras regiones que se ponen como ejemplo de las noticias -Osetia, Chechenia, Ucrania- pero hubo 1 congreso de escritores en Barcelona para homenajear a la periodista tiroteada en 1 ascensor, en la que 1 de los autores más conocidos hizo notar la paradoja de la escasez de armas de la palabra, no solo las misses pidiéndo paz en el mundo en los certámenes y sorteos, si no periodistas y escritores de renombre e importancia como la tiroteada, así como su confidente, otro espía envenenado con polonio radioctivo en Londeres. Pasa algo parecido a conseguir cerrar el pico a Assange, periodista australiano refugiao en la embajada de Ecuador en Londres, pero en su caso a costa de otra crisis nacionalista en el Occidente de Europa, cuando ni siquiera conoce nuestra lengua, ni por supuesto puede salir del recinto, que es con lo que se toman la molestia de amenazar a sus protectores si no se calla. El sin embargo autor de best sellers de éxito mundial confundía los ingentes recursos y esfuerzos que se dedican al silenciamiento, en especial de los más atrevidos, con el que dedican estos mismos, cualquiera, a dar a conocer nuestros pensamientos, opiniones y ocurrencias. La diana sobre las víctimas de encierros, tiroteos, envenenamientos con venenos tan sofisticaos y difíciles de manipular como el polonio radiactivo, también el rastro que dejan por si alguien cree que este tipo de actos no se firman, se la puso más lo que sabían, también a efectos informáticos o de difusión, pues incluso en condiciones de ciberataque copiando y pegando el mismo twet, nadie sería capaz de lanzar 1 por minuto, llegar a 60 a la hora, mientras que a Assange se le atribuyen o apuntan 20.000 según las fuentes poderosas que se sienten amenazadas, casi obligadas a tomar medidas en las que desde mi punto de vista apenas se trata de seguir siendo los amos del cementerio. El motivo de tomarse tantas molestias sin importar poner en peligro las relaciones con otros estados, como en el caso de España y Ecuador a costa de Catalunya -paradójicamente la tranquila ciudad en la que se reunió el club de escritores para homenajear a la periodista tiroteada cuando tomaba el ascensor, fue Barcelona, aunque que además no ocurrió hace tanto tiempo- son el tipo de atentado conocido como falsa bandera, que se sospecha siempre y mucha gente lo comenta sin que le pase nada, y de hecho asesinatos tan truculentos no hacen si no acrecentarlas, pero cuando aparecen indicios y pruebas algo más que razonables, como en el caso de los de Barcelona en agosto, se declaran secretos y se pide acrecentar los medios de silenciamiento por si fueran pocos.

asesinatos por la cara

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Dina Bousselham entra en campaña Leganés

En otra revelación de secretos de la CIA se ha sabido que en los meses previos a la entrada de Estados Unidos en la guerra de Vietnam de 1969 a 1973 Nixon, al que se atribuye cierta relación anterior y por tanto conocimiento del país de Asia que acabó precipitando su derrota ordenó liquidar selectivamente médic@s, maestr@s, científic@s, intelectuales y en general universitari@s nativ@s del país que proyectaba invadir e invadió. Con motivo del homenaje de sus colegas a la periodista rusa Anna Politkóvskaya asesinada a tiros en el ascensor de su vivienda otro escritor de éxito entre lectores de habla inglesa, aunque nativo de otro país nórdico, residente de incógnito en Barcelona, pues ni siquiera fue traducido al español resaltó la paradoja que todavía haya tiranos capaces de molestarse por las palabras que se escriben hasta el punto de ordenar 1 asesinato de esa guisa. La estrategia de los que ostentan el poder en el seno de las organizaciones que aspiran a perpetuarse es siempre la misma: tupidas corazas desplegadas en forma de escudos protectores repletos de incompetentes para que nadie ose poner en ningún apuro a los mandos aún a riesgo de hundir las propias organizaciones por colapso.

– Las tragedias purgan las de los espectadores, descubrió Aristóteles, las imágenes se han instalado en nuestras vidas, no tienen repercusiones sobre los sucesos en los que son captadas aunque pueden ser el pretexto, pero sí, y más de las que creemos y hasta de las que conocemos, sobre acontecimientos posteriores. Es la vida la que imita las imágenes, el consumismo de cosas, objetos, aparatos, marcas, experiencias, etc. ha sido consecuencia de su multiplicación a través de los medios de comunicación, pero la cosa no termina imitando las apariencias, también imitamos los comportamientos. El problema ahora es que hasta los ejemplos más deleznables tienen adeptos hasta habernos obligado a acostumbrarnos y soportar casi con desdén asesinos múltiples que no tienen nada que ver con los sofisticados relatos de 1 muerto para 1 refinado asesino armado de “razones”, dicho con todas las reservas, perfectamente intercambiables como cromos también las víctimas, pero qué cromos, qué estampas. Los asesinatos de imagen son un nuevo móvil de crimen o de acto de violencia que añadir a los conocidos. Algunos titulares de periódicos y revistas sobre sucesos de estas características:
– Maté la portada de un disco, Yoko, le decía David Chapman, el asesino de John Lennon, a su viuda a través de los que le entrevistaron en la cárcel al cumplirse otro triste aniversario de uno de los crímenes mas estúpidos del siglo XX, cometido en Nueva York, el 8 de diciembre de 1980, “por favor, entiéndeme Yoko, no estaba matando a un ser real, maté una imagen”. “Los niños no saben distinguir los muertos del telediario”, decía el titular de una revista semanal al narrar el crimen que costó la vida al niño de Liverpool James Bulger, de 2 años, a manos de otros dos niños de 10 y 11 años que le secuestraron de manos de su madre en un centro comercial, le torturaron cruelmente y le asesinaron, “de los que salen en las películas”. “Ferri”, fracasado hombre de negocios de San Francisco de 55 años que hablaba 3 idiomas y había trabajado de ingeniero, “mató a 8 personas para contar su historia en televisión”. Ferri se suicidó después del crimen múltiple, pero según una nota que encontraron en su maletín, era un acto premeditado al que pensaba sobrevivir para contar su historia en programas de debates y entrevistas de televisión. “Por el asesinato a la fama: Christian Didier”, extaxista de 49 años, escritor fracasado, llevaba buscando obsesivamente la fama desde hacía años y fue detenido en una rueda de prensa en la que narraba a los periodistas su crimen en estos términos: “Cuando le tuve delante, disparé 3 veces. No se cayó. Increíble su energía, como Rasputín delante del príncipe Yusupov. Me dijo: “Cabrón”. La última bala se la disparé en la frente o en la nuca, ya no me acuerdo. Vi cómo sangraba y se derrumbaba. Entonces me sentí aliviado”, “maté a la serpiente Bousquet”, acusado de colaboracionismo con los nazis por el envío de judíos franceses a los campos de exterminio, “para conseguir protagonizar un telediario”. “8 niños bien” violaron repetidamente a una compañera de clase (de 17 años; el suceso ocurrió en Toulouse, Francia) y lo filmaron todo para vender las fotos”. En España son tristemente recordados los asesinos del rol, imitadores fatídicos de las andanzas de Patrick Bateman, protagonista de American Psycho de Bret Easton Ellis, de los que incluso llegó a publicarse el lamentable relato en los periódicos de noticias. Estos crímenes cada vez más frecuentes se adaptan a un esquema escalofriante: una persona o grupo de personas con las facultades mentales y sociales alteradas, atenta contra la vida de otra persona reconocida públicamente o con crueldad y saña inigualables contra personas sin relevancia pública, o anónimas, fundamentalmente niños de corta edad y mujeres, buscando notoriedad pública (salir en los telediarios) con estos terribles actos. “Resulta difícil aceptar”, decía el editorial de un periódico estadounidense refiriéndose a los asesinatos de turistas extranjeros que se cometen actualmente en Florida y ampliando esta reflexión a otros de parecida índole que suceden principalmente en Los Angeles, Washington y Nueva York, “que existe una nueva cultura criminal para la que el terror y la destrucción son fines en sí mismos”. Esta incomprensión puede ampliarse al secuestro, tortura y asesinato del que fueron víctimas 3 niñas de Alcasser, Valencia, que conmocionó a la opinión pública en el invierno del 92, y otros de parecida índole que, cada vez con mayor frecuencia, salpican de sangre los telediarios y las páginas de sucesos.

Si los móviles de todo crimen o acto de violencia son difícilmente comprensibles, la crueldad y la saña con la que se manejan estos asesinos por la imagen es hoy por hoy inexplicable. Algunos escritores han rescatado del pasado olvidado la Bestia ancestral que todos, unos más que otros, llevamos dentro, una reminiscencia de nuestros primeros antepasados, los animales, pero es más lógico pensar en una enfermedad mental y social del futuro, ocasionada por las imágenes, que está dando sus primeros síntomas. Un régimen carcelario severo, con agresiones físicas y vejaciones contínuas, refuerza la actitud destructiva de los psicópatas. La multiplicación de experiencias audiovisuales (para entenderlo tratemos de pensar en un tiempo sin televisión y otros medios de comunicación de masas: así han sido todos los años anteriores a 1969, cuando un ser humano pisó por primera vez la Luna y todos los que teníamos edad fuimos testigos directos a través de la pantalla mágica que por entonces entró en todas las casas y cambió nuestras vidas) no incide de la misma manera en todas las mentes. Si Marilyn Monroe, Michael Jackson y otros muchos son modelos sociales que tienen imitadores de sus apariencias y comportamientos en todo el mundo, Jack el Destripador y Rambo también. Cuando estos últimos pierden de vista los límites que separan la realidad de la ficción, sobrevienen los desastres. Apenas un 5% de la población son psicópatas (enfermos mentales) y/o sociópatas (enfermos sociales por la pobreza, los malos tratos o cualquier otra forma de marginación) potenciales, personas para las que estos crímenes aberrantes son el único medio para protagonizar un telediario y esos diez minutos de celebridad en la televisión que, según Andy Warhol, anhelan durante toda su existencia muchas personas. El 95% restante somos víctimas potenciales. Las Laura Palmer de estas historias ya han sido enterradas y olvidadas, pero la vida continúa para sus verdugos. Los casos reales que se parecen tanto a los de las películas y los telefilms, despiertan una extraordinaria atención en la opinión pública, lo que no es para menos. Las vidas reales de los que las llevan a cabo, son objeto de un debate en el que un número preocupante de personas están dispuestas a estampar su firma en hojas en las que se pide la pena de muerte para ellos. Algunos realmente lo pagan con sus vidas en los estados en los que aún conciben esta condena radical, pero la mayoría están encarcelados cumpliendo penas por más de 10 años. Probablemente tienen en sus celdas aparatos de televisión y video, radio, libros y revistas a su gusto. Nada ha cambiado para ellos, viven en su mundo de imágenes y esporádicamente aparecen en ellas al ser recordados los terribles actos que protagonizaron negativamente. Han conseguido ser parte de la película. David Chapman, el asesino de John Lennon, había recorrido miméticamente los pasos de Holden Caulfield, el protagonista de la novela El guardián entre el centeno (1951) en las horas previas al crimen. El célebre relato de Salinger también era el libro de cabecera del adolescente que disparó contra Ronald Reagan y miembros de su escolta para impresionar a la actriz Jodie Foster, de la que estaba enamorado a distancia y a la que acosaba con su correspondencia. Nadie ha encontrado nada en los escritos de Salinger que incite a los adolescentes solitarios a ver un Wanted/Se busca bajo los retratos de personas vivas más reproducidos en los medios de comunicación de masas, como lo eran Ronald Reagan y John Lennon en el momento de los atentados de los que fueron víctimas. Sobre su imagen pública, el escritor Jerome David Salinger (Nueva York, 1919) ha mantenido una actitud hermética a lo largo de toda su vida, radicalizada a partir de 1965, cuando se negó a publicar nuevas obras de ficción en respuesta a los que quisieron promoverle como santón de la cultura hippy. Cumplió su palabra y siendo una verdadera celebridad por los cuatro relatos y el libro de cuentos que se conocen de él, con admiradores en todo el mundo, solo existe un retrato de Salinger, el que le hizo a traición su examigo Paul Adad a través de la ventanilla del coche cuando se despedían, probablemente para siempre. El gesto desencajado, aterrorizado del escritor y el puño con el que amenaza al fotógrafo, es la viva ilustración de su opinión sobre las imágenes. Las víctimas suelen ser mujeres, los verdugos siempre varones. No tiene sentido involucrar a Salinger en los actos de sus lectores de mente más calenturienta, aunque se haga buscando explicaciones racionales a actos tan incomprensibles. Los asesinatos para salir en los telediarios parecen ser el vértice sangriento de unos comportamientos humanos que están siendo modificados total o parcialmente por las imágenes, también en las actitudes amorosas, en los intercambios comerciales y en el trabajo. La confusión entre la realidad y la ficción, tema de El Quijote y de buena parte de la creación literaria universal, se ha magnificado con la invención de las técnicas para captar imágenes y de los medios de comunicación para difundirlas masivamente en todos los rincones del planeta. Las explicaciones, las respuestas, el traducir a términos racionales el misterio de las imágenes para saber cómo están influyendo en nuestras vidas es una tarea pendiente. Es posible que tengan un lenguaje propio aún sin desentrañar y que están pasando cosas que no entendemos porque aún no conocemos ese idioma. Una curación mediante imágenes de probables tendencias psicopatológicas la experimentó el fotógrafo Joel Peter Witkin. Nació en Nueva York, en 1939, junto con un hermano gemelo, pintor, de parecidos gustos a los suyos, y una hermana que no les sobrevivió al triple parto. Sus padres, un judío ruso y una católica italiana, se divorciaron rápidamente por desavenencias religiosas. A los 6 años fue testigo de un accidente de tráfico en el que la cabeza de una niña de 9 años, seccionada del cuerpo en la colisión, llegó rodando hasta sus pies. A los diecisiete tuvo su primera experiencia sexual con un hermafrodita. Poco después, en el servicio militar, le asignaron la tarea de fotografiar los cadáveres de sus compañeros muertos por accidente o suicidio. Se alistó voluntario para cumplir la misma tarea en la guerra de Vietnam. A su regreso estudió arte en Nueva York y sublimó sus terribles experiencias vitales creando impactantes imágenes de cadáveres diseccionados y seres deformes, también humanos, que levantaron olas de admiración cuando se expusieron en los museos norteamericanos y europeos en la segunda mitad de los ochenta. La obra reciente de Witkin es mas artística, mas intelectual, mas complicada, pero los monstruos que fotografió (en una entrevista dijo que él no buscaba a estas personas, que eran ellos los que conociendo su trabajo, le buscaban a él para que los fotografiara) en su primera época y la manera en que lo hizo, destrozó con creces los límites de la violencia en imágenes conocidos hasta entonces. Pero había sinceridad: la obra de Witkin era consecuencia de sus vivencias. Los imitadores que surgieron a la sombra de su fama, buscaban el éxito fácil con el recurso al tremendismo (durante unos años daba pánico hojear las revistas especializadas en fotografía) y hundieron esta tendencia que, de alguna manera, demostraba que una persona podía sublimar terribles experiencias vitales creando imágenes artísticas y alcanzando notoriedad pública con ellas sin causar daño. En La naranja mecánica, la novela de Anthony Burguess y la película de Stanley Kubrick, ambas de importancia pareja (es un caso raro en el que los críticos no saben si dar más valor al novelista que imaginó la historia o al director de cine que hizo de ella una impresionante traducción en imágenes) se plantea en ficción el tema de la curación del mal de imágenes mediante imágenes. El malvado Alex, un adolescente del Londres del futuro que predica y practica la ultraviolencia en el trato con sus semejantes, es reeducado por las autoridades con una sobredosis de sus mismas armas, la música de “el gran Ludwig van” (Beethoven) asociada a imágenes de ultraviolencia real: campos de concentración nazis, bombardeos indiscriminados de ciudades y combates de las dos guerras mundiales, disturbios callejeros sangrientos, catástrofes, etc. A Alex le extirpan la violencia, pero cuando regresa a su mundo, incapaz de levantar su mano para defenderse siquiera, es víctima de la violencia vengativa de sus antiguas víctimas. Esta película fue prohibida en los cines ingleses a la semana de su estreno hasta hoy porque algunos espectadores, lejos de captar la moralina, quedaban fascinados y querían emular al Alex untraviolento de la primera hora de película, aumentando espectacularmente en las calles de Londres los índices de violencia. Los directores de cine Carlos Saura (Deprisa, deprisa) y José Antonio de la Loma (Perros callejeros y una larga secuela) hicieron una traducción española de La naranja mecánica, narrando la vida de los jefes de pandillas juveniles (el Vaquilla, el Guille, el Melones, el Clemen y otros, alcanzaron la dudosa celebridad pública que proporcionan los telediarios y las páginas de sucesos con sus fechorías) que sembraron el terror en las calles de Madrid y Barcelona durante la década de los setenta.

– El Jaro murió el 24 de febrero de 1979, recordaba el periodista Jesús Duva en un artículo que actualizaba los destinos de estos célebres delincuentes, “cuando apenas había cumplido los 16 años. Un vecino del paseo de la Habana, de Madrid, le mató de un disparo efectuado con un rifle de cazar elefantes. En el momento de morir, el Jaro llevaba en un bolsillo la cartera de plástico en la que guardaba un puñado de recortes de periódicos sobre sus hazañas, que él solía enseñar con orgullo a quien quería oírle. El Jaro y sus troncos fueron un día a ver la película Perros callejeros y desde entonces adoptaron la forma de actuar de los pandilleros del celuloide. En este mismo artículo se dice que actualmente el Vaquilla está escribiendo sus memorias en la cárcel.

– Hay menos violencia que antes, declaró en 1993 Luis Rojas Marcos en 1993, jefe de los servicios de salud mental de Nueva York, pero señala un rasgo diferencial: “la fascinación que hay ahora por la violencia hace que el causante sepa que va a ser visto por la sociedad, que va a tener acceso al público. Podemos hablar de una violencia mas rebuscada, mas intelectualizada, menos salvaje desde el punto de vista animal (el animal se come a otro animal y no parece que disfrute en el proceso, lo hace por necesidad). La violencia de hoy es mas civilizada (entre comillas), mas preparada para salir en televisión”. También es mas cruel, gratuita, absurda, irracional, etc. El asesinato por la imagen es una enfermedad social tan real como la vida misma que, de momento, no tiene curación y, lo que es peor, parece que está dando los primeros síntomas: esto que está empezando a pasar ahora, solo es el principio.

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