Los muertos mandan | Blasco Ibáñez

la farola adoctrinamiento represión
Tengo entre manos Los muertos mandan, novela de piratas ambientada en el S Eivissa firmada por Vicente Blasco Ibáñez en 1908 de la que la última edición conocida, totalmente agotada fue de Plaza Janés en 1979.
– Si Larra (o Ladra por su hija, incluso Lara con 1 R caída para disimular) fue el que elevó el artículo periodístico a categoría literaria sin perder la capacidad de comunicación de la actualidad, en palabras de Pilar Palomo, fue sin duda Marcelino Menéndez Pelayo el que lo devolvió a la carcundia más miserable y cutre de la sotanesca más reaccionaria y carca contra la que hasta los muertos deberían tomar precauciones. No hay obra clásica en lengua castellana, más conocida como español, Celestina, Lazarillo, Lozana, que no cuente con estudio previo del típico estudiante de United States of América que se paga su edicioncita en Castalia, en Cátedra y esporádicamente en otras editoriales de ocasión que incluían el propio clásico estudiao, que no dedique varias páginas a desmentir la sarta majaderías, el consabido qué derroche literario pero qué asco, qué pobres los españoles con nos procedimientos autodestructivos que consisten repartir las gorrillas entre los más idiotas para que se entretengan quemando bosques más antiguos incluso que la lengua, hudiendo el turismo en las city, que se creen que la gente que habla raro es porque noles han enseñao en sus academias, como las carcundas y no van a contarlo sin parar, vertidas porel tal Marcelino, quepa desgracia añadida, pues nunca vienen solas, comparte nombre y apellido con el linguistics Marcelino Menéndez pero Pidal, contemporáneo de Saussure y científico respetable aún con sus errores de bulto (la lengua française y el provenzal son en realidad la misma lengua pues sólo se distinguen en la pronunciación, por lo que se las llama lengua d´oc al N y lengua d´ouil al S, es decir, sí, oui en la française que se habla en France, partes de Helvetia y parte de la corrupta y dividida Belgium, próximo bolo en caer, pero no son lenguas diferentes como la portuguesa – gallega – brasileña al W y la catalana – valenciana al E respecto de la castellana, más conocida como español, y es que la pronunciación, incluso aunque sea tan irreconocible como la de Shakira en el papel de loba a la cadena del vástago de la Rúa, no basta para dividir lenguas, al menos con fundamento, y el andalú por ejemplo no es lengua ni dialecto), muy parecidos los errores a los de Linnaeus, elde las útiles clasificaciones naturales, pues lo mejor vino después, dicho sea en beneficio de Pidal, víctima también persistente del otro Marcelino Menéndez. La vida del Marcelino carca, cutre, reaccionario, tan corrupto como el que más, aparecía en la literatura picaresca cuando el Lazarillo fue regalao por su madre asu amo ciego para que le ayudara a mendigar, y lo que ésa y otras mujeres debían entender por darle educación. Muy duras se las debieron pegar al tal Marcelino cutre, carcunda porque lo volvemos a encontrar al frente de la Ínsula Barataria cual Sancho Panza, pero en forma de cátedra universitaria que sólo había la suya, creada asu medida egotista, aunque el tal Marcelino no lo entendiera, en palabras de Clarín, quelo contó en sus Solos con sorna, pero también de sus profesores comunes, pues se conocieron en las academias de adolescentes:
– ¿Te acuerdas de aquel griego (lo llamaban gringo) que nos enseñaba aquel dómine que no lo sabía? La carcundia clerical, la escoria ignorantona del Marcelino malo se ensañó con sus contemporáneos, el famoso Galdós por los billetes dantes, que incluso fue diputao electo, como el malograo Larra, que ni siquiera pudo tomar posesión de su escaño legítimo ganao en Ávila porque pegaron antes otro golpe estao, aunque no tan marrullero y cutre comolos posteriores, hasta eneso degeneramos a mucho peor, el propio Clarín, autor de nos universal Regenta en 1885, protagonizada por Ana Ozores, entre las más maravillosas adúlteras de su siglo, comparable a Madame Bovary, profesor de economía y derecho en la universidad de Salamanca, donde nose presta lo que no da la naturaleza, entre otras universidades principales, alque incluso dedicaron 1 periódico en República Argentina, como todavía reconocían hasta poco antes del corralito o chiringuito español que le pegaron los de la banda Marcelino elde la bota vinazo con los valídos de la Rúa pade e hijo, el mánager la loba Shakira en la línea el Aserejé, aunque para nos vergüenza y desazón callamos como el Lazarillo cuando vio asu amo el ciego alque había sido regalao por su madre para ayudarle a mendigar comiendo las uvas de 2 en 2, y muy especial su inquina contra Vicente Blasco Ibáñez, también diputao electo, autor de Los muertos mandan ambientada en el S Eivissa con testimonios de piratas en 1902, cuando hizo la investigación naturarista, como se llamó a la aplicación rigurosa del realismo auspiciada por Émile Zola a partir de las evidencias reveladas por Darwin en 1860, de las que hizo explicación también meritoria Emilia Pardo Bazán en la Cuestión palpitante describiendo su temática: determinismo, herencia, degeneración genética, detal palo; materialismo, incluso socialismo (nada que ver conla deriva nacionalista Lazarillo más propia del Marcelino malo con todas las bendiciones papales y bailes de la rosa descontaos, extraña reunión que se los veía bien de lejos a nada que les acuciaban sus necesidades, que se ciscaban en el resto citizen residentes en sus territorios de alivio, aunque fuera para que habláramos dellos mal, que así hubieran reventao, la misma carcundia que cuando se premiaban entrellos con el ladrillo o ladrido de éxito asegurao en forma de dinero realmente inmerecido en cuanto se lanzaban a pedir más censura, ciegos avaros que por si no tuvieran bastante apuestaron por la ceguera, claro, la típica jugada baja por la espalda, por donde se las tragan dobladas los ganchos, cebos, trileros en el triste papel o papelón de chivos expiatorios también conocidos como cabeza turco); retratos subjetivos, también por ejemplo de lo que piensan los personajes, curiosamente llamaos monólogos en plan Darwin puro y duro; lacras y miserias Hom@ sp?; condicionantes sociales; ambientes turbios; situaciones escabrosas como las fiestas piratas que nunca sospechamos tan pronto como 1902, fecha de las investigaciones obligadas en su tipo literatura de Blasco Ibáñez y sobre todo tan cerca como Eivissa porque al muy carca Marcelino y asu morralla frailuna sotanesca no le había valido conla asquerosa, repugnante lacra inquisitorial que padecemos ininterrumpidamente desde 1232, como recordó el propio Obama, el mismo que también dijo admirar las cotizaciones de millones de trabajadores de Deutschland, France y España pal System de pensiones inmediatamente antes de saquear vilmente las tesorerías respectivas con el fin de devolver a la esclavitud a millones de personas por siglos, que ójala reviente con tan siniestro Botín, el valedor del mismo Marcelino que aún tenía que arremeter contra cualquier vestigio de interés que hubiera sobrevivido a tan tremendas lacras como las pedecidas casi siempre.
– No he leído esa biografía (que reseñó en apenas 4 páginas sarcásticas) tan maltratada por la crítica; ni la defiendo nila impugno, escribió Clarín en 1881 sobre lo que debió ser precedente de las biografías no autorizadas que proliferaron desde la caíada del muro de Berlín según iban cayendo asu vez muchos que antes habían ensalzado los mismos biógrafos, revanchas a prebendas y ventajas escandalosas que se habían tomao algunos, pues la España de 1881 no se parecía a la oprimida, desguazada de la actualidad ni a la de muchos siglos antes por la misma pulsión destructiva que encumbraba a seres nefastos como Marcelino que, después de insultarse (llamó a Clarín y otros diputaos elegidos en votaciones demagogos) gravemente:
– Y, sin embargo, cuando después de largos intervalos de tiempo nos vemos, Pelayo abre gozoso y expansivo los brazos para recibir en ellos al antiguo condiscípulo; y yo con placer acojo sus sinceras demostraciones de aprecio, y con alegría y entusiasmo admiro los progresos que en los meses o años transcurridos ha hecho el espíritu singular de mi buen amigo. Para extrañarse, para evadirse, para escapar de la cruda realidad de 1881 en la que convivían románticos, realistas y naturalistas, a cual más anticlerical, no valía tampoco el extranjero, prácticamente revolucionario, incendiario en todos sus frentes. Clarín también se rio del catedrático en contradicción conla materia que rendía asus alumnos, pese a haberle dao hecha a medida cátedra tan única como que la crearon para él, y se refugiaba Marcelino en la Grecia y Roma clásicas, pero desfiguradas por su imaginación necesitada de escapismo, ignorantona, incluso preconizaba, pretendía según Clarín que imitaran, que arrimaran el hombro a los antiguos en el mismo siglo XIX que muchos llamaron revolucionario.
– Nada más necesario para nos letras, tal como andan, que se estudio prudente y bien sentido de la civilización clásica y su literatura; nada más digno de admiración que se espíritu encarnao en 1 joven como Pelayo, que, sin precedentes próximos, sin más atractivo poderoso y de cuenta que la propia inspiración, se arroja hoy por tan desusao camino, expuesto a que nadie le siga y se aprecie mal y poco el valor de su esfuerzo. Y concluye Clarín:
– Seles escapará (a los ultramontanos que auparon y guiaron a Marcelino por la senda carcunda) el día que advierta que el incienso está envenenao. Nunca lo advirtió, y con el tiempo llegó a ser logotipo tan importante para Cantabria como las esquilmadas anchoas. Blasco Ibáñez es autor principal en los temarios de oposiciones de literatura castellana por ser el más decidido practicante del género o subgénero del Realismo conocido como Naturalismo que se inspiraba en las teorías de Charles Darwin. Después de regresar a Inglaterra en 1836, Darwin empezó a recopilar ideas sobre la habilidad de las especies para cambiar en sus Cuadernos de la transmutación de las especies. La explicación de cómo evolucionaron los organismos la tuvo después de leer Un ensayo del principio de la población, 1798, escrito por el economista Thomas Robert Malthus, quien explicó cómo las poblaciones humanas mantenían el equilibrio. Malthus argumentaba que ningún incremento en la disponibilidad de la comida para la supervivencia humana básica podría compensar el ritmo geométrico del crecimiento de la población. Lo último, por lo tanto, tenía que ser verificado por las limitaciones como el hambre y la enfermedad o por acciones humanas como la guerra. Darwin aplicó el razonamiento de Malthus a los animales y a las plantas y hacia 1838 había elaborado un bosquejo de la teoría de la evolución a través de la selección. Durante las 2 décadas siguientes trabajó en su teoría y otros proyectos de historia natural. La teoría de Darwin se hizo pública por primera vez en 1858 en un documento presentado al mismo tiempo que Alfred Russel Wallace, un naturalista joven quien había llegado independientemente a la teoría de la selección. La teoría completa de Darwin se publicó en 1859, como El origen de las especies. Se le conocía como el libro que sacudió al mundo, El origen se agotó el primer día de la publicación y lo mismo sucedió con 6 ediciones posteriores. La teoría de la evolución por selección de Darwin trata esencialmente que debido al problema del suministro de comida descrito por Maltus, las crías nacidas de cualquier especia compiten intensamente por la supervivencia. Los que sobreviven, que darán origen a la próxima generación, tienden a incorporar variaciones favorables por leve que pueda ser la ventaja que éstas otorguen, el proceso de selección y estas variaciones se pasan por herencia. Por lo tanto, cada generación mejorará su adaptabilidad con respecto a las generaciones precedentes y este proceso gradual y continuo es la causa de la evolución de las especies. La selección es sólo una parte del vasto esquema conceptual de Darwin, también presentó el concepto de que todos los organismos relacionados son descendientes de ancestros comunes. Además, proporcionó apoyo adicional para ideas anteriores de que la Tierra no está estática si no evolucionando. A efectos literarios y polícticos, tanto Blasco Ibáñez como el francés Émile Zola y otros escritores llamaos naturalistas, pienso que la corriente dominante incluso en la literatura popular, que tratan temas del presente y de las clases sociales bajas o inferiores, pasaría por ser radicales antisistema mientras que esa misma corriente de pensamiento aplicada a la política y la economía producen seres degeneraos, que arrasan familias, empresas, instituciones autonómicas, municipales y nacionales de la manera más reaccionaria y más infradotada que cualquiera de los que nos administramos penosamente a duras penas, que lo único que demestra respecto del liberalismo, que sería algo parecido a la ley de la selva, me parece lo contrario de lo que se hace. De su puño y letra, esta es su carta al lector en el prólogo de Los muertos mandan, novela de 1923 llevada al cine por Michael Curtiz el de Casablanca: En mis tiempos de agitador político, allá por el año 1902, los republicanos de Mallorca me invitaron a un mitin de propaganda de nuestras doctrinas que se celebró en la plaza de Toros de Palma. Después de esta reunión popular, los otros diputados republicanos que habían hablado en ella se volvieron a la Península. Yo, una vez pronunciado mi discurso, di por terminada mi actuación política, para correr como simple viajero la hermosa isla que vio en la Edad Media los paseos meditativos del gran Raimundo Lulio –filósofo, hombre de acción, novelista–y en el primer tercio del siglo XIX sirvió de escenario a los amores románticos y algo maduros de Jorge Sand y Chopin. Más que las cavernas célebres, los olivos seculares y las costas eternamente azules de Mallorca, atrajeron mi atención las honradas gentes que la pueblan y sus divisiones en castas que aún perduran, a causa sin duda del aislamiento isleño, refractario a las tendencias igualitarias de los españoles de tierra firme. Vi en la existencia de los judíos convertidos de Mallorca, de los llamados chuetas, una novela futura. Luego, al volver a la Península, me detuve en Ibiza, sintiéndome igualmente interesado por las costumbres tradicionales de este pueblo de marinos y agricultores, en lucha incesante durante mil quinientos años con todos los piratas del Mediterráneo. Y pensé unir las vidas de las dos islas, tan distintas y al mismo tiempo tan profundamente originales, en una sola novela. Transcurrieron seis años sin que pudiese realizar mi deseo. Necesitaba volver a Mallorca e Ibiza para estudiar con más detenimiento los tipos y paisajes de mi obra, y nunca encontraba ocasión propicia para tal viaje. Al fin, en 1908, cuando preparaba mi primera excursión a América, pude escapar unas semanas de Madrid, llevando una vida errante por ambas islas. Visité la mayor parte de Mallorca, durmiendo muchas noches en pequeños pueblos donde me dieron alojamiento las familias «payesas» con una hospitalidad generosa, de bíblico desinterés. Corrí las montañas de Ibiza y navegué ante sus costas rojas y verdes en barcos viejos, valientes para el mar, que unos meses del año van a la pesca y otros son dedicados al contrabando. Cuando regresé a Madrid, con el rostro ennegrecido por el sol y las manos endurecidas por el remo, me puse a escribir Los muertos mandan, y eran tan frescas y al mismo tiempo tan recias mis observaciones, que produje la novela «de un solo tirón», sin el más leve desfallecimiento de mi memoria de novelista, en el transcurso de 2 ó 3 meses. Esta fue la última obra del primer período de mi vida literaria. Apenas publicada me marché a dar conferencias en la República Argentina y Chile. El conferencista se convirtió sin saber cómo en colonizador del desierto, en jinete de la llanura patagónica. Olvidé la pluma como algo frívolo e inútil para la recia batalla con las asperezas de una tierra inculta desde el principio del planeta y con las malicias e ignorancias de los hombres. Pasé seis años sin escribir novelas. Quise crearlas en la realidad. Fui un novelista de hechos y no de palabras. Pero las vidas vuelven siempre a sus cauces antiguos, y después de estos seis años de catalepsia literaria, en 1914, pocos meses antes de la gran guerra, reanudé en París mi trabajo de novelista «de pluma y papel», escribiendo Los argonautas. Y la nota del editor: novela naturalista de piratas ambientada en el S de Eivissa acabada en 1908, tengo el texto completo en archivo manejable que además se puede fotocopiar muy bien y muy barato; la última edición conocida de esta novela es Plaza & Janés 1979, envío archivo por e mail previa petición haciendo clic aquí; coincidiendo con la publicación de los cuentos de Perrault hubo tal aluvión de visitas que me hizo víctima del spam en los comentarios, por lo que tuve que desactivar esa opción; ahora no me puedo permitir ese peligro porque necesito que ésta base datos esté estable hasta el final de las pruebas. Cuesta creer por ejemplo que Camps por ejemplo, al que los suyos apodan el Curilla y se presenta a los actos a inyectarse el PP en vena, haya leído a Blasco Ibáñez, a quien se pone de ejemplo de esta corriente literaria, ni por el forro.

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