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Rutina del ladrillo

En los años de bonanza de la burbuja inmobiliaria, cuando se estaba hinchando, muchos obreros firmaban 1 contrato laboral ca día que iban a trabajar con efectos secundarios que solo observo, como el absentismo cuando el trabajador que fuera tenía impedimento mayor o también que se formaban cuadrillas más o menos organizadas, con los papeles repartidos entre ellos, que iban de obra en obra además de animarse unos por otros a no faltar, pues compartían transporte, pero trabajo no les faltaba. Conocí a 1 de esos faltones habituales, de los que se emborrachaba a tope la noche anterior a los reconocimientos médicos, cuando se los hacían y además que me parece que vomitó en alguna consulta.
– Que salga to, es lo que me contestó cuando le pregunté alguna vez y también que por qué no faltaba esos días. Es evidente que si lo peor que te puede pasar es que te despidan y eso pasaba tos los días al acabar poco había que temer de los vampiros de los sindicatos. Mi viejo amigo, ya fallecido, era desertor de los motores en reencarnaciones anteriores, de hecho nuestra común afición a los desguaces de coches, igual en mi caso que a las herramientas informáticas dejadas en barbecho, era lo que más nos relacionaba, y además que yo tenía por entonces el típico cocho viejo y reconozco que este conocimiento era 1 chollo. Fue el que me contó lo de los contratos día a día en las obras cuando alguna vez me lo encontré fuera de horario de trabajo en mis solitarios días libres, que eran siempre entre semana. Y 1 vez que se animó 1 anécdota jugosa y es que llegó haber 1 encargao de la obra que venía a buscarlo a su casa cuando se dormía. El caso era que en la misma caseta de obra en la que firmaban los contratos al llegar era donde guardaban los aperos más preciaos al irse, entre ellos el dúmper, carretilla mecánica de valor inapreciable en las obras que, además de arreglarla cuando se rompía, también era el único de la obra capaz de meter y sacar el aparato de la caseta en la que lo guardaban, tanto por la posición de la pila como porque a mitad de recorrido tenía que hacer 1 maniobra doble o triple en 1 giro so pena de llevarse la caseta por delante. Junto con la molestia de tener que ir a buscarlo a su casa muchos días que se dormía, el encargao debió procurarse rápido otro escondrijo más espacioso para el dúmper, pero mientras duró se produjo lo nunca visto: no solo había trabajo tos los días sino que en algunos casos extremos eran los propios encargaos los que iban a buscar a sus casas a los obreros que se habían quedao dormidos.

la torre inteligente de #Madrid

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Eurovegas a ojo de buitre

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